Los alimentos “diet” no siempre ayudan a bajar de peso ni a mantener una nutrición saludable. Publicidad engañosa, etiquetas incompletas, falta de control estatal y desactualización del código nacional que reglamenta esta materia, son factores que agregan confusión entre los consumidores. En esta nota, nutricionistas de la UNC explican las características de este tipo de productos y ofrecen algunos consejos para tener en cuenta.
A la hora de intentar bajar de peso, mantener la silueta o comer saludablemente, muchos optan por comprar productos dietéticos convencidos de que, así, incorporarán menos calorías o ingerirán alimentos más naturales. Sin embargo, si no se tiene la suficiente información acerca de las condiciones que debe reunir un alimento para ser considerado “light” y los casos en que su uso es adecuado, probablemente no se consiga el efecto deseado y hasta se obtenga el resultado inverso. Según el Código Alimentario Argentino, para que un producto cumpla la condición de dietético debe tener modificado, sustraído o sustituido alguno de sus componentes originales. En este sentido, Silvia Fanto, docente de la Escuela de Nutrición de la UNC y especialista en la materia, advierte que es un error considerar que los alimentos “diet” son hipocalóricos. “No todos los productos dietéticos son bajos en calorías, en cambio, sí todos los bajos en calorías son dietéticos”, explica y añade que existen alimentos enriquecidos –es decir, que llevan el agregado de un nutriente específico– que tienen iguales e incluso más calorías que uno corriente y que, sin embargo, aparecen rotulados como “diet”. Es el caso de las promocionadas tostadas de gluten y otros derivados ricos en esta proteína que, en general y contrariamente a lo que la mayoría de la gente cree, aportan mayor valor calórico que un producto común por tratarse de un alimento suplementado.
A la escasa educación nutricional de los consumidores se suma la publicidad engañosa, las etiquetas que contienen información incompleta, la falta de control por parte del Estado y la desactualización del código nacional que reglamenta esta materia, el cual, en ocasiones, no contempla situaciones derivadas de la vertiginosidad de los cambios y tendencias del mercado.
Bajas calorías y dietéticos
De acuerdo con la normativa vigente, un alimento es “bajo en calorías” si su valor energético está reducido en un 30 por ciento en relación a la versión normal. Buena parte de los consumidores, sin embargo, desconocen este requisito y adquieren, indistintamente, productos “diet” o “bajas calorías”.
Sobre este punto, la nutricionista Alejandra Celi indica que las calorías son aportadas por los hidratos de carbono, proteínas y grasas. “Si a un alimento le disminuimos la cantidad de carbohidratos y lípidos, le estamos restando valor energético, pero es probable que el porcentaje de grasas que tenga sea lo suficientemente alto como para hacer que ese producto siga teniendo elevada concentración calórica”, advierte la licenciada y también docente de la Escuela de Nutrición. Como ejemplo, menciona que los chocolates dietéticos tienen menos azúcar agregada que uno común, pero poseen “altísimo valor en grasas”.
Otra forma de publicidad engañosa es la que adoptan los aceites etiquetados “sin colesterol”, debido a que, naturalmente, no lo contienen. “El colesterol es de origen animal, es decir que ningún alimento de procedencia vegetal tiene colesterol, y en ese sentido, la publicidad es tramposa”, confirma la especialista al tiempo que aclara: “Otra cosa diferente es que algunos aceites contengan grasas saturadas, las cuales sí son perniciosas para la salud”.
Estrategia de marketing
La desinformación generalizada por parte del consumidor es aprovechada por las empresas, que en los últimos años adoptaron la denominación “light” como una estrategia de marketing que ofrece la posibilidad de vender productos con sobreprecio respecto de los tradicionales y, a la vez, revitalizar mercados ya maduros a partir del lanzamiento de esta nueva línea. En coincidencia sobre este aspecto, Fanto asegura que el término ”light” constituye “una herramienta de venta” y explica que esta designación ni siquiera está registrada en el Código Alimentario Argentino. Otro tanto observa Celi, quien advierte que muchas veces se emplean “verdades que venden” a las que, intencionalmente, se les da una fuerza importante en función del impacto que ellas tienen.
Por otra parte, la licenciada puntualiza que, quienes consumen alimentos “diet”, lo hacen con la convicción de que, de este modo, contribuyen a una nutrición más sana, cuando, en realidad, pagan un costo agregado por algo que no implica necesariamente un beneficio para la salud. Su argumento se basa en algunos estudios realizados, según los cuales, el gasto en productos dietéticos representa aproximadamente el 10 por ciento del total de una compra de alimentos. Ese porcentaje, generalmente, no corresponde a los de consumo básico, sino a mayonesas, mermeladas y otros.
Fiscalización del Estado
Al panorama señalado se agrega la insuficiencia de control estatal sobre los productos que actualmente se ofrecen en los comercios y supermercados de Córdoba. Sobre este aspecto, el gerente de Alimentos del Ministerio de Producción y Trabajo de la Provincia, José Héctor Llenes, admite que sólo cuentan con seis agentes para llevar a cabo el control bromatológico en todo el territorio provincial y que la cifra es insuficiente para realizar la tarea de registrar y supervisar todo producto alimenticio –diet o no– inscripto en esa dependencia.
La escasez de control permite la existencia de etiquetas incompletas y poco claras, que violan la normativa vigente. “El Código Alimentario Argentino va por detrás de los acontecimientos, la moda y la actividad industrial, que manejan tiempos más acelerados; es decir, la demanda tracciona y hace que las empresas salgan rápidamente a captar público con inclusiones en los rótulos que no están debidamente autorizadas ni reguladas”, subraya el funcionario. Puntualmente, en el caso de los alimentos dietéticos, reconoce que se registraron excesos en su etiquetado por parte de los productores. “Con todos los derivados “diet” ha habido un abuso en su utilización y denominación apoyado en la idea de que, con este término, se va a vender más”, agrega.
En esta línea, afirma que existe “oportunismo por parte de las empresas para lograr captar más mercado y, a la vez, lentitud para contrarrestar esta situación por el modo de funcionamiento de la Comisión Nacional de Alimentos y las demoras en introducir cambios en el código regulador de este tema”.
Descoordinación gubernamental
El control de los establecimientos y productos alimenticios se ve perjudicado por la falta de coordinación entre los organismos oficiales ubicados en los diferentes puntos del país. Así lo señala Llenes, para quien, la carencia de un mecanismo conectado y sistematizado explica la existencia actual de “una maraña de autorizaciones” que pueden tener validez municipal, provincial o nacional. “Como tenemos un sistema federal, cada provincia autoriza la circulación de un producto, de forma que, al trasladarse la empresa, el producto también lo hace”, añade.
Desde su perspectiva, para armonizar el funcionamiento y organización del sistema, debería existir un único ente que autorice la circulación de alimentos en toda Argentina, “tal como sucede en Estados Unidos, Japón y otros países”, ejemplifica.
La clave: educación nutricional
Para las especialistas consultadas, la posibilidad de no caer en las trampas publicitarias y realizar elecciones adecuadas para la salud depende de la educación de los consumidores sobre este tema. En este sentido, aconsejan leer las etiquetas que detallan la composición de los productos y observar su correspondiente aporte calórico (ver recuadro).
Las nutricionistas subrayan además que los alimentos “diet” no deben sustituir a los naturales y que no garantizan la disminución de peso ni una nutrición sana. Sin embargo, indican que, para determinados grupos, resulta beneficioso consumir productos modificados industrialmente. “Una alimentación saludable equivale a incorporar diariamente grupos básicos como lácteos, carnes, frutas, verduras, hortalizas, aceites y panes. Elegir, entre éstos, algunos procesados por la industria –como lácteos descremados y panes integrales- es una buena incorporación”, expresa Celi, al tiempo que previene que dejan de ser beneficiosos si la cantidad que se consume no está dentro de los niveles que el organismo necesita cubrir a diario.
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Qué tener en cuenta al comprar un producto
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Para saber qué se va a ingerir, se recomienda verificar que la información que contiene el envase incluya, al menos, los siguientes datos:
- Clase de alimento (pan, leche, margarina, etc.).
- Cualidad esencial (fortificado, con vitaminas, de bajo contenido glúcido, lipídico, etc.).
- Composición química expresada en porcentaje (hidratos de carbono, lípidos, proteínas, fibras, etc.).
- Lista completa de ingredientes ordenada en forma decreciente según las cantidades presentes en el producto.
- Lista completa de aditivos (colorantes permitidos).
- Valor energético expresado en calorías cada 100 gramos o 100 centímetros cúbicos.
- Condiciones de almacenamiento y conservación.
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