Con persistencia y pasión, Darwin se lanzó en la búsqueda de respuestas. Realizó experimentos, leyó incansablemente, interactuó con colegas naturalistas de todo el mundo y capitalizó sus observaciones en el Beagle. Buscaba evidencias con elementos simples, una lupa o un microscopio, y encontró una nueva forma de mirar el mundo natural, basada en la evolución de los seres vivos y su ascendencia común. Darwin advirtió que nuevas especies tendían a aparecer donde especies similares habían vivido previamente y se preguntó: ¿por qué una especie reemplazaría a otra similar en la misma localidad?, ¿es que las especies antiguas habrán dado origen a las nuevas?, ¿tal vez las nuevas especies estaban mejor adaptadas al medio cambiante?. Estas relaciones, mostradas por los fósiles, fueron una de las principales líneas de evidencia que condujeron Darwin a elaborar su teoría. A mediados de julio de 1837 Darwin comenzó su cuaderno "B" sobre la "Transmutación de las especies" y en su página 36 escribió "pienso en el primer árbol de la vida". |