Sus ideas generaron polémica en la Inglaterra victoriana. Fueron resistidas por muchos de sus colegas científicos, pero más aún por la esfera religiosa, principalmente la iglesia anglicana. Sin embargo, gran parte de su vida estuvo influenciada por la religión y la iglesia. En Cambridge, sus mentores en ciencia fueron clérigos, y su esposa era una devota anglicana. “Considerando la ferocidad con que he sido atacado por los ortodoxos, parece cómico que alguna vez hubiera pensado en ser clérigo. Y no es que yo renunciara expresamente a esta intención, sino que la decisión murió de muerte natural cuando, al dejar Cambridge, me uní al Beagle en calidad de naturalista.” (Charles Darwin). La respuesta a las propuestas de Darwin por parte de la iglesia de la época fue bastante hostil. Parte de esa hostilidad tenía que ver con las que se creía eran las consecuencias de la teoría de la evolución. Adam Sedgwick, profesor de geología, le dijo a Darwin que había “leído su libro con más dolor que placer”, porque su teoría “podía sumergir a la raza humana en el grado más bajo de degradación que cualquier otro momento (de la historia)”. La opinión de muchos clérigos era que la teoría darwinista era “materialista” y “degradante”, que implicaba que “no había Dios y que el mono es nuestro Adán”. |