Su vida fue simple y humilde. Si bien la fortuna familiar lo eximía de trabajar, lo hacía en su propia casa con perseverancia. “Mis costumbres son metódicas, y esto fue de mucha utilidad para mi particular línea de trabajo. He disfrutado de bastantes ratos de ocio por no tener la necesidad de ganarme el pan. También mi mala salud, aunque ha aniquilado varios años de mi vida, me ha librado de las distracciones de la sociedad y de la diversión”. (C.D.)
Al final de su autobiografía reflexiona: “Mi éxito como hombre de ciencia, cualquiera que sea la altura que haya alcanzado, ha sido determinado, en la medida en que puedo juzgar, por complejas y diversas cualidades mentales y condiciones. De ellas, las más importantes han sido: el amor por la ciencia, una paciencia ilimitada para reflexionar largamente sobre cualquier tema, laboriosidad en la observación y recolección de datos y una mediana dosis de inventiva así como de sentido común. Con unas facultades tan ordinarias como las que poseo, es verdaderamente sorprendente que pueda haber influenciado en grado considerable las creencias de los científicos respecto a algunos puntos importantes”. (C.D.)