Desde niño tenía pasión por la naturaleza pero nunca fue un alumno sobresaliente: “Cuando dejé la escuela no estaba ni adelantado ni atrasado para mi edad; creo que mis maestros y mi padre me consideraban un muchacho corriente, más bien por debajo del nivel común de inteligencia”.(Charles Darwin). Impaciente por su falta de progreso, su padre lo incitó a estudiar medicina en la Universidad de Edimburgo, como él mismo, su abuelo y su bisabuelo. “La educación en Edimburgo se impartía enteramente en forma de lecciones magistrales, que resultaban intolerablemente aburridas”.(C.D.) Pero como no demostró ningún interés, a los dos años su padre lo mandó a la Universidad de Cambridge para convertirse en ministro anglicano. De la misma manera fracasó en su intento. Sin embargo, frecuentó allí a profesores de Ciencias Naturales que reconocieron su potencial y ayudaron a desarrollarlo. A los 22 años, recibió una invitación para embarcarse en el HMS Beagle con el capitán Fitzroy como naturalista en un viaje alrededor del mundo que duró 5 años (1831-1836) y lo cambió profundamente “Por lejos, fue el evento más importante de mi vida que determinó toda mi carrera”. (C.D.) Llenó docenas de cuadernos con observaciones de geología, plantas y animales, coleccionó cientos de especímenes, todas experiencias invalorables que le servirían de base para la elaboración de su teoría.
Recreaciones sobre la base de caricaturas de la época generadas a partir de las controversias luego de la aparición del libro "El origen de las especies". Dibujo: Paola Franco
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