Darwin supuso una revolución en las ideas filosóficas y teológicas sobre la concepción del ser humano como ser único y excepcional sin conexión biológica alguna con el resto de las especies animales. Para Darwin, el origen de la humanidad significó sólo un paso más en la evolución zoológica. Darwin dio una nueva esperanza frente a las ideas demoledoras de Copérnico y de Galileo. Es cierto que la Tierra no es el centro del universo y también es cierto que el hombre no es el centro de la biología, ni en el tiempo, ni en el número, ni en el tamaño, ni en la longevidad. El Homo sapiens, además de ser un producto evolutivo, está inmerso en la cultura, una transición que lleva un ritmo progresivamente acelerado, con la ventaja de tener una perspectiva histórica del pasado y la posibilidad de reflexionar sobre el futuro. Sin embargo, los seres humanos tienen conocimiento de su propia existencia, de su entorno, de las leyes de materia, de la energía y de la información, pudiendo usar todo ello en provecho propio. Esta cualidad no es compartida por ningún otro elemento físico o biológico conocido. Hay un hecho evolutivo que es nuevo y trascendental: la existencia de cerebros capaces de comprender y de cambiar la evolución de su entorno y de sí mismos. |