La historia del Observatorio Astronómico de Córdoba en el firmamento de papel

El Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba, junto a la Editorial de esta casa de estudios, publicaron el libro "Córdoba Estelar. Historia del Observatorio Nacional Argentino". El texto es el resultado de casi tres lustros de investigación que llevaron adelante Edgardo Minniti y Santiago Paolantonio, trabajo que en 2005 fue distinguido con el premio Internacional Herbert C. Pollock, otorgado por el Dudley Observatory (Albany, Estados Unidos), el primero obtenido por latinoamericanos. En esta nota, un adelanto de los principales pasajes de la obra. [19.10.2009]

La historia del Observatorio Astronómico de Córdoba en el firmamento de papel

Primera sede del Observatorio Nacional Argentino | Archivo OAC

Córdoba Estelar... destaca los logros científicos del Observatorio Nacional Argentino, una institución científica pionera con sede en la ciudad de Córdoba. A partir de documentación original existente en este ámbito de estudio, bibliotecas, periódicos y archivos de numerosas entidades argentinas y del exterior –como el Observatorio Dudley, el Observatorio Lick o la Sociedad Científica de Massachussets, los autores efectuaron una revisión y profundización del conocimiento sobre este espacio de investigación astronómica, desde la idea de su creación en la década de 1860 y la inauguración de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre en 1942. Un dato: la bibliografía incluye 374 registros.

Junto a los instrumentos originales, la investigación se valió del abundante material fotográfico de la época, que fue digitalizado por los autores, y permitió contar con más de un millar de imágenes, posteriormente procesadas, identificadas y analizadas. Más de 300 de estos documentos, la gran mayoría inéditos, están incluidos en el texto con sus respectivas explicaciones.

El libro ahonda en la concepción, desarrollo y consecuencias de los trabajos científicos desarrollados en el Observatorio Astronómico, entre los que figuran la Uranometría Argentina, la Córdoba Durchmusterung, los grandes Catálogos Estelares, las Fotografías Cordobesas, el Catálogo Astrográfico, la Carte du Ciel y el cometa Halley, entre otros. Se destaca también el inicio de la Astrofísica Argentina, así como los estudios morfológicos y espectroscópicos de cúmulos estelares, nebulosas y galaxias.

Complementariamente, recupera sus contribuciones a la creación de la Oficina Meteorológica Argentina, las primeras determinaciones de longitudes geográficas en nuestro país, la unificación de la hora oficial y la uniformización de los patrones de medidas. Al mismo tiempo, detalla minuciosamente la historia de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, ícono de la Astrofísica argentina.

En otro tramo, el tomo rememora la vida y obra de los directores y principales astrónomos, junto a un completo registro de sus empleados con breves biografías. Incluye, también, un listado exhaustivo de los trabajados publicados.

Resultados parciales de la investigación fueron expuestos en diversos congresos y publicaciones. Los textos completos pueden ser consultados en la página web: http://historiadelaastronomia.wordpress.com/documentos/. El antecedente de Córdoba Estelar... es el libro digital "Uranometría Argentina 2001", publicado en 2001 por la Secretaría de Ciencia y Tecnología y el Observatorio Astronómico de la UNC.

A continuación, algunos de los pasajes del libro:

Imagen de la portada del libro Córdoba estelar. Historia del Observatorio Nacional ArgentinoADVERTENCIA INICIAL

Los conceptos que empleamos a veces nos llevan a una interpretación simplista de los hechos, solapan la complejidad de los acontecimientos, ocultando la multiplicidad de intereses, protagonistas y factores de poder en juego frecuentemente extra-astronómicos; aún en aquellas situaciones que se aíslan para su consideración puntual, en búsqueda del mejor entendimiento de acciones confusas o inciertas. Es entonces cuando del historiador se exige esa sutil condición particular que bien puede denominarse imaginación histórica, para recrear hechos que llegan fragmentarios, dispersos y aparentemente inconexos, con el fin de dotarlos de la fuerza vivencial necesaria para su esclarecimiento y comprensión.

En este trabajo nos distraemos en un pequeño grupo de extranjeros que – con especial dedicación y profunda profesionalidad – transformaron una importante faceta de la Argentina, proyectando el país al primer nivel científico internacional. Las distinciones que las naciones más avanzadas otorgaron a la joven nación por los logros en campos hasta entonces exclusivos de ellas, hablan elocuentemente de la capacidad y potencial desplegado por el Estado Nacional y esa gente, en procura de objetivos de grandeza común. Su protagonismo no fue producto de la decisión caprichosa de algún iluminado, ni de esos accidentes tan particulares a que nos acostumbra el hecho histórico habitualmente. Resultó de diversas causas concurrentes, en particular la voluntad y el esfuerzo personal de los olvidados de siempre. Dos ejes tuvo la acción inicial: el multifacético Domingo Faustino Sarmiento y el notable estadounidense Benjamin Gould, ese hombre destacado en la elite científica europea que, despreciando trabajar con Gauss en la cima del poder y del conocimiento, optó por venir a la Argentina, a jugar su prestigio profesional detrás de proyectos dictados por su maestro de Bonn, el célebre Argelander.

La obra está frente a nosotros y perdura para orgullo de la Argentina, aún cuando muchos de los actuales usufructuarios en la disciplina, ignoran las situaciones determinantes de la misma.

SOBRE EL PERÍODO ABORDADO

Desde que se concibe la idea del Observatorio Nacional Argentino – hoy Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba, o simplemente Observatorio de Córdoba, como se lo conoce –, en la última mitad del siglo XIX hasta el retiro de Charles D. Perrine y más tarde la designación de Enrique Gaviola a comienzos de la década del cuarenta en el siglo veinte, se abre una etapa de la astronomía nacional que se caracteriza por trabajos principalmente astrométricos, aún cuando en su postrimería se afianza con firmeza el nacimiento de la Astrofísica.

Este período se corresponde con la etapa de la vida del Observatorio Nacional Argentino, denominada por los autores “de los estadounidenses”, pues durante los primeros 65 años, esa institución estuvo dominada por directores nacidos en el país del norte, con breves interinatos de nacionales.

Una como otra división, sin dudas no excluyentes, no son estrictamente correctas y sirven, como es la intención, de simples guías referenciales y caracterizaciones globales de la fase abordada.

Efectivamente, los primeros trabajos astronómicos en la institución pionera de la astronomía Argentina, tuvieron propósitos astrométricos. Benjamín Gould junto con unos pocos ayudantes, concretaron trabajos trascendentes en esa rama de la Astronomía, que han pasado a la historia grande de la ciencia, tal el caso de la Uranometría Argentina, el Catálogo de Zonas, las Fotografías Cordobesas y el Catálogo General Argentino, entre otros. Estos emprendimientos tuvieron continuidad bajo la administración de John M. Thome, luego que Gould regresara a su país, siendo su obra máxima la Córdoba Durchmusterung, sin olvidar que dio inicio a los trabajos del Catálogo Astrográfico y la Carta del Cielo. Más tarde, ya en tiempos de Charles Perrine se concreta el Primer Catálogo Fundamental.

Sin embargo, es importante destacar que entre los objetivos fundacionales del Observatorio Nacional, se incluía uno claramente relacionado con la por entonces naciente Astrofísica, tal como la obtención de espectros estelares. Al crearse el observatorio, también se previó un plan de estudios de cúmulos abiertos por medio de la fotográfica, que si bien estaba dirigido a lograr las determinaciones de posiciones estelares precisas, debe considerarse que el perfeccionamiento de esta técnica, fue determinante para el desarrollo del estudio físico y dinámico de los cuerpos. Más allá de lo dicho, hasta la llegada del Dr. Perrine, último de los directores correspondientes a la línea “de los estadounidenses”, sólo se concretaron unas pocas pero no despreciables observaciones vinculadas con la Astrofísica, principalmente relacionadas con el estudio de cometas y el seguimiento de estrellas variables. Es durante la época de Perrine, en que el Observatorio Nacional, hasta ese momento con una existencia casi solitaria en el país, comienza a virar sus objetivos decididamente hacia lo astrofísico. Sin dejar de lado los trabajos astrométricos, entre 1909 y 1936 se concretan numerosas acciones que introducirán la astronomía argentina en la Astrofísica, tal como la búsqueda de confirmación de la Teoría de la Relatividad de Einstein durante tres eclipses solares, las observaciones fotométricas y espectroscópicas de cometas, estrellas y en especial de objetos nebulosos. Es el primer gran telescopio reflector, de 76 cm de diámetro, realizado completamente en el Observatorio, lo que hizo posible la concreción de la mayoría de los mencionados estudios. También en este período se comenzó y avanzó hasta casi el final, la construcción de “El Monstruo”, el telescopio reflector de 1,5 metros de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, que será clave para el desarrollo de la Astrofísica no solamente Argentina sino Latinoamericana, contribuyendo en forma significativa al progreso de la ciencia astronómica regional, con proyecciones mundiales.

Así vino el comienzo de la astrofísica argentina; lamentablemente, los trabajos realizados en este período no tuvieron continuidad – al menos en forma inmediata – en la siguiente etapa, donde se concretaría efectivamente la entrada a la Astrofísica, gracias a las valiosísimas contribuciones de Enrique Gaviola apoyadas en las posibilidades observacionales del gran telescopio ya en funcionamiento.

Tampoco es rigurosa la clasificación del período como de directores estadounidenses, pues, si bien es cierto que todos los titulares del establecimiento fueron de aquella nacionalidad, hubo uno interino, el Ing. Eleodoro G. Sarmiento, que era nativo. Fue olvidado por la historia hasta nuestros trabajos. Si bien su administración duró unos pocos meses, tuvo gran importancia por haber sido el primer argentino que dirigió la institución y permitió la continuidad en las actividades de la misma durante un período de crisis. También cabe señalar que se presentaron otros directores “a cargo”, cuando los titulares de turno se ausentaban por diversas razones del país, algunos de los cuales fueron alemanes, tal el caso de Carlos Ljungstdet.

Por último, debe destacarse que con excepción de Gould que regresó a su país, tanto Thome como Perrine trabajaron en Argentina la mayor parte de sus vidas y murieron en Córdoba. En particular Thome, permaneció en esta ciudad desde los 20 años y desarrolló toda su carrera profesional en el lugar, por lo que puede compartirse la opinión de algún autor, que lo calificó como primer astrónomo argentino – al menos adoptivo –. En síntesis, se trata de verdaderos inmigrantes, en tierra de inmigrantes, cuyos huesos inquietos descansan aquí.

Alguien alguna vez dijo que los argentinos somos italianos que hablamos español, leemos en francés y pensamos en inglés. La historia de la colonización “gringa” y el desarrollo de nuestra cultura no lo desmienten.

En el desarrollo de la investigación de casi tres lustros, cuyos resultados se vuelcan en el presente texto, tratamos de ajustarnos rigurosamente a la documentación original existente, que si bien fragmentaria y dispersa, gracias al aporte de bibliografía auxiliar necesaria, podemos cerrar los intrincados laberintos de una historia que, en su superficie se muestra secuencialmente recta y ascendente, pero que en su interior está surcada por períodos oscuros y desconocidos; como así desplegando ocasionalmente encontrados intereses profesionales y personales, característicos de todo emprendimiento humano, en mayor grado cuando la empresa tiene la magnitud y trascendencia de la estudiada. Eso sí, sus protagonistas principales y quienes desde un segundo plano – las sombras – los apoyaron con su anónimo esfuerzo, no han pasado desapercibidos para la astronomía mundial, donde dejaron la indeleble impronta de su obra.

Vaya este trabajo como tributo a todos ellos, con sincero reconocimiento por su magnífica labor. Las nuevas generaciones cuentan con las oportunidades que se les brinda, gracias a la suma de esfuerzos como los analizados. Sus tareas las inician varios escalones más arriba gracias a aquella contribución. Sí, el camino fue por ellos desbrozado.


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IMPERIALISMO CULTURAL

La idea de promover la ciencia estaba arraigada en la mente de Sarmiento al llegar a EE.UU.; el sanjuanino vio una oportunidad concreta en la propuesta del Dr. Gould, la que hábilmente transformó en un proyecto propio y nacional, más ambicioso y con mayores perspectivas, que las contenidas en el programa de Gould, estrictamente técnico.

La astronomía se presentaba entonces como una ciencia de punta destinada a convertirse en un agente de cambio para la Argentina. Fotografías de la Luna obtenidas en el Observatorio en 1875 y 1876 premiadas en la Exposición de Filadelfia de 1876.Sarmiento lo destaca en su célebre discurso pronunciado en 1871 con motivo de la inauguración del Observatorio Nacional Argentino:

“Y bien, yo digo que debemos renunciar al rango de nación, o al título de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales...”

Otro tanto ocurre con su futuro Ministro, el Dr. Nicolás Avellaneda, quien pronto aparecerá en escena en esta historia, desempeñando un papel crucial en la creación del Observatorio, quien señaló: “la astronomía marcha al frente de las ciencias naturales” y “como todos saben, (la astronomía) es la primera de ellas...”

El contacto entre el Dr. Gould y el futuro presidente fue posible gracias a dos amistades comunes, principalmente la de Mary Peabody Mann, quien efectivamente hizo posible el mismo y la de James Gilliss, ya desaparecido.

No puede dejarse de destacar, que otros factores confluyeron para que la propuesta se concretara de este modo. Gould y Sarmiento coincidían ideológicamente en un gran número de cuestiones, en cuanto a la ciencia, la política y sus concepciones sociales.

Por otro lado, Gould estaba casado con Mary Quincy Adams, perteneciente a una familia poderosa tanto desde el punto de vista político como económico, lo que no pudo ser pasado por alto por Sarmiento, quien avizoró un futuro repleto de importantes relaciones. Finalmente, no debe dejar de considerarse que Benjamín Gould era masón y ostentaba la máxima jerarquía en el ordenamiento según el antiguo rito escocés, organización a la que también Sarmiento pertenecía, como muchos otros políticos de nota.

En una época donde la ciencia era sinónimo de Europa y en especial de Alemania y Francia, contratar un científico americano fue en gran medida un acto de ruptura con ese “imperialismo cultural” vigente. Sin embargo, esto no se dio de igual modo con la creación contemporánea de la Academia Nacional de Ciencias, en la que su director, el Dr. Burmeister – traído por la Confederación Argentina – y los primeros académicos fueron alemanes.

Mucho se ha hablado de que expresiones estructurales como la Academia de Ciencias y el Observatorio Astronómico constituyeron una cabal prueba del ejercicio pleno de una política imperialista cultural, por parte de las grandes potencias de la época.

Es innegable que las mismas, sean Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos o Rusia, ejercían o pugnaban por hacerlo, una actitud rectora producto del esfuerzo humano y económico destinado por los respectivos estados, para mantener supremacía no solo militar o política, sino también en el ejercicio de las distintas disciplinas, cualesquiera fueren, en su beneficio. Es infantil desconocerlo.

Particularmente, comprendemos esa actitud defensiva y promotora de la actividad propia, en su beneficio, como respuesta común de sociedades que pugnaban a ello, defendiendo a ultranza sus intereses propios. Pero el imperialismo surge y se ejerce, cuando las políticas, actitudes o estructuras, son impuestas abierta o solapadamente, no cuando constituyen la consecuencia de un acto de voluntad propia, en pleno ejercicio de facultades legítimas y en franca libertad, mediante mecanismos legítimos y en pos de beneficios concretos.

La Academia y el Observatorio, nacieron como resultado no solo de un deseo argentino, de una decisión de los gobernantes argentinos; sino también de una necesidad propia del país que crecía rápidamente y requería de esos instrumentos para promover el desarrollo nacional, de acuerdo con lo que sus dirigentes, condicionados o no por el pensamiento de la época, no de manera distinta a como lo fueron en todas partes las decisiones tomadas para cualquier empresa por cualquiera que tuviese que hacerlo, resolvieron por voluntad propia y convicciones personales, llevar adelante esa conducta.

El que desconozca tener padre termina por ser un hijo de... madre sospechosa. Resulta inadecuado caer en tales planos de fundamentalismos nocivos, resultantes de una puja imperial descarnada que desgarra el mundo actual, donde se promueve trasladar hasta esos sitios pasados, los juicios de valor asignados a acciones que sí resultaron imperialistas y trajeron perjuicios a pueblos que concluyeron aherrojados o sometidos objetiva o subjetivamente por intereses ajenos de los propios.

Nada más lejano a ello, que la acción desarrollada por la Academia Nacional de Ciencias o el Observatorio Nacional Argentino.

Se puede argüir que fueron Alemania, Estados Unidos, Inglaterra o Francia, según el caso, quienes participaron de la empresa. No lo hicieron como estados, sino con la contribución de sus nacionales calificados para ello – aunque a veces no tanto, como Thome – pues terminaron calificándose aquí por ser los únicos que ofrecían los servidores específicos necesarios para lograr aquellos objetivos eminentemente nacionales.

El desarrollo logrado, las obras resultantes, el prestigio ganado entonces, constituyen prueba palmaria de que fue el país quien resultó beneficiado en toda la línea. La realidad es independiente de los juicios de valor. Por ello, en esta obra, se procura enunciar datos de la historia, disminuyendo al mínimo las conclusiones deductivas y los juicios de valor, ineludibles a veces para iluminar aspectos todavía oscuros de esa realidad apasionante, tan manchada por nocivos fanatismos.


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GOULD  FRANCMASÓN

No resulta fácil a nuestra mentalidad hacerse con la idea de la situación particular de un masón decimonónico en una sociedad cerrada, monocultural, contrareformista y extraña, particularmente por las características propias de los grupos librepensadores masones de entonces, donde se practicaba un hermetismo similar de otra naturaleza, con distintos objetivos, que hacían a la defensa de sus integrantes y a la adquisición de poder real por parte de los mismos. Como homología ejemplificadora de su dinámica, puede emplearse la estructura subterránea del partido comunista en Latinoamérica en la década del cincuenta, o la del Opus Dei antes de su relativa apertura.

No puede uno dejar de considerar en forma especial la relación de Gould con la sociedad argentina, estructurada en grupos humanos disímiles y con intereses sociales, políticos y económicos muchas veces contrapuestos. Tanto, que la misma al arribo del sabio, recién puede decirse que salía de unir sus pedazos, como consecuencia de una prolongada guerra civil y contra la barbarie indígena.

Desde el vamos y por la propia naturaleza de sus amistades iniciales, en particular el presidente Sarmiento, quien fue el primero en agasajarlo a su arribo con una cena muy especial, se vinculó con los grupos progresistas del poder nacional y las clases acomodadas de Rosario y Córdoba. Su relación fue siempre con aquellos de mayor poder económico por la propia dinámica de su quehacer, que requería del apoyo irrestricto de los mismos para no fracasar en el intento por falta de sustento financiero. En ello demostró ser un hábil piloto de tormentas.

Ya en Buenos Aires trabó amistad con Wheellright, los Vélez y con Santiago Cáceres, llaves inapreciables para ingresar a las sociedades de Rosario y Córdoba, ganándolos para su causa.

Hombre mundano y de amplia experiencia en el trato con toda clase de gente, desde los protagonistas de la guerra civil de su país hasta miserables campesinos irlandeses en sus campañas de geodesia astronómica, no le eran ajenas las condiciones peculiares de los nativos de este país, cargados de necesidades y perros; modismos extraños y plagas.

A todos trató con singular respeto y habilidad cortesana, constituyendo prueba de ello los comunes artículos divulgados en la prensa local, que muestran a un hábil publicista. Si bien criticó ácidamente algunas condiciones imperantes, especialmente en los arrabales de Córdoba, particularmente aquellos que lo afectaban directamente por su cercanía al observatorio, que era víctima común de las depredaciones y su instrumental blanco nocturno de armas de fuego, desdeñando las pobres condiciones culturales imperantes factor decisivo en su conducta de rechazo, valoraba los atributos humanos de sus habitantes y luchó indirectamente para erradicar el flagelo de la incultura desde su puesto de poder masón y sus vínculos científicos y personales, favoreciendo el progreso.

Gould logró para la Argentina una particular consideración en el mundo, como no se hubo hecho nunca con anterioridad y su influencia fue determinante para que se considerara a la misma como un país moderno, con derecho pleno a la ciudadanía del mundo y no una tierra de indios como era estimada hasta entonces en los ámbitos académicos, como consecuencia de los relatos de aventureros que recorrieron su vasta extensión, buscando únicamente la ventaja económica; actitud posible gracias a la firme voluntad y apoyo de un visionario: Sarmiento y al férreo tesón de un realizador: Avellaneda, patriotas a quienes el país debe institucionalmente mucho más de lo que suele otorgárseles.

Gould entró a la logia cordobesa pisando fuerte. Lo hizo no sólo como representante de una de las corporaciones más poderosas del mundo, sino con el grado 33°, la máxima jerarquía en el ordenamiento según el antiguo rito escocés. Vino como Miembro Representante del Consejo Supremo de la Jurisdicción Norte de Estados Unidos.

Ni bien arribó al país presentó en Buenos Aires sus poderes ante el Gran Maestro y Autoridades del Consejo Gran Oriente de la Masonería Argentina, siendo aceptado con tal jerarquía e incorporado a la cofradía.

Arribado a Córdoba, pasa a integrar en calidad de Hermano Visitante la Logia N° 34 Piedad y Unión, de la que fueran fundadores Luis Cáceres y Perrín, entre otros, en la década de 1860. Dos nombres por otra parte, vinculados con su persona y el Observatorio.

En mayo de 1871 fue nombrado Miembro Honorario de dicha Logia.

Debemos destacar que no se encontraba solo: Burmeister, los Doering, Brakenbusch, Latzina, Bachmann – de la que fue Pro Gran Maestre y Soberano Gran Comendador en 1896 -, Walter Davis, Pilcher Briscot, etc, formaron parte de la misma, junto con destacadas personalidades de la ciudad además de los nombrados: Clariá, Conil, Domínguez, Olmedo, etc.

En julio de 1876, el Supremo Consejo encomienda al “muy poderoso hermano Benjamin Apthorp Gould” hacerse cargo de la ceremonia de ascenso al Grado 32° de Pedro A. Conil y Benjamín Domínguez, lo que muestra el nivel masónico de los mismos.

Circunstancias no del todo claras, pero evidenciando diferencias de criterio con los integrantes de la jerarquía local, inclusive - es probable - de principios base de conducta, lo llevan a fundar junto con el pastor protestante inglés J. H. C. Spilbury y otros ingleses y norteamericanos, la Logia Souther Cross en abril de 1877, aduciendo como base para funcionamiento de la misma el idioma inglés. No se tienen noticias de que en sus comienzos hayan pasado a formar parte de la misma alguno de los integrantes del grupo “de los germanos” de la academia. Puede estar ello motivado en el conflicto competitivo que se generara entre Gould y Oscar Doering.

Esta logia comienza a funcionar utilizando la sede de la citada entidad local. Ello de por sí habla del poder sustentado por Gould en la estructura, que asimila esta escisión.

La recién fundada es presidida por el mencionado pastor, quien recibe el grado de Honorable Maestro bajo la jurisdicción del Gran Oriente de Inglaterra y en la “Obediencia Provincial” con asiento en Buenos Aires.

Esta Logia decae en el transcurso de 1877 y llega a detener sus actividades. En un intento por remozarla, el 31 de octubre de 1877 en reunión plenaria, por unanimidad sus integrantes designan a Gould en su dirección para revitalizarla. Por nota del 11 de noviembre subsiguiente, declina expresamente tal distinción dada la representación superior de que se halla investido.

La misma se paraliza el 15 de diciembre de 1877 hasta marzo de 1878.

Tambaleante, perdura hasta mayo de 1881 en que es designado como supremo el Comandante Olympides E. Pereyra; quien al asumir su cargo, rindió honores a Gould por su supremacía.

Estando interinamente Pitt en la “Veneratura” (dirección), ingresan Bachmann y Seeltrang, presentados y patrocinados por Gould y Brakenbusch. Este hecho habla elocuentemente de que la militancia activa del sabio en la masonería no decayó en ningún momento y constituye nuestra primera referencia de la intervención de "los germanos" en la misma.

Destacable es también que Thome en 1877, año en que toma su primera licencia y viaja a EE.UU., se incorpora a la cofradía no a través de estas logias, sino por intermedio de la Logia Hermanos Unidos de la localidad de Villa María. Otra prueba de lo aseverado al comienzo, haciendo evidente la necesidad de conservar el secreto y borrar toda huella de esa actividad para evitar la sanción social, sin descartar esta hipótesis la posibilidad de un manejo regional de la actividad por parte del maestro.

No debe olvidarse que entonces ya era el hombre de confianza de Gould y no actuaba sin su beneplácito.

Toda esta intrincada malla, muestra a las claras que la actividad de ese grupo de hombres destacados estaba más que íntimamente vinculada. Gould utilizó con maestría su superioridad jerárquica en la logia y logró para su actividad profesional, un apoyo que excedía con creces el marco de lo subjetivo. Se clarifica así como pudo superar escollos imposibles para el solo esfuerzo individual en una sociedad refractaria y con las características de la nuestra entonces.

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“EL MONSTRUO”, HISTORIA DE UN SUEÑO

“El domingo 5 de julio de 1942 a las 12 horas, tuvo lugar un acontecimiento descollante en la historia astronómica de la República Argentina, con motivo de inaugurarse oficialmente la Estación Astrofísica de Bosque Alegre…”.

De este modo refiere el Dr. Enrique Gaviola, a la habilitación del gran telescopio reflector de 1,5 metros de diámetro, instalado en las sierras cordobesas, en la cima de uno de los cerros de la estancia “Bosque Alegre”.

La historia sobre la creación de este complejo, aunque excede el período histórico que los autores decidieron abordar en la presente obra, tiene su origen en él y posee una importancia tan grande para la ciencia argentina, que se decidió desarrollarla completa.

En esta parte de la historia del Observatorio Nacional Argentino intervienen dos protagonistas fundamentales, el gestor e iniciador de la idea, el Dr. Charles Dillon Perrine y el Dr. Enrique Gaviola, físico de renombre internacional, primer astrofísico argentino y dos veces director del Observatorio, gracias a quien la empresa pudo finalmente concluirse luego de tres décadas de ingentes esfuerzos.

LA IDEA

Cuando Perrine arriba a Buenos Aires, en su viaje a Córdoba para hacerse cargo de la dirección del Observatorio Nacional, estaba convencido de la necesidad de dotar a la institución de un gran telescopio. Esto queda plasmado en las conversaciones que mantiene con el Ministro de Instrucción Pública Rómulo S. Naón, siendo presidente el Dr. Figueroa Alcorta, las cuales continuaron luego de su llegada a destino.

No es de extrañar, era una necesidad acuciante para la época, en especial para el hemisferio sur, una apuesta segura al éxito científico.

El único instrumento de gran tamaño instalado en el sur era el de la provisoria Lick Southern Hemisphere Station, un reflector de 92 centímetros de abertura. En 1903 se instaló en Chile, en el cerro San Cristóbal, la expedición propuesta por W. W. Campbell del Lick Observatory y financiada por el banquero Darius Ogden Mills – por lo que usualmente es llamada Expedición Mills –. Dedicada a la medición de velocidades radiales de estrellas, funcionó hasta 1928. Su trabajo está plasmado en el Catálogo de Velocidades Radiales. Posteriormente, el observatorio fue adquirido por el Dr. Manuel Foster Recabarren quien lo donó a la Pontificia Universidad Católica, siendo su actividad muy escasa – hoy Observatorio Foster –.

Perrine provenía de un observatorio que contaba con grandes instrumentos, un refractor y un reflector de 90 centímetros de abertura. Su amplia experiencia en el uso del telescopio Crossley, le daba una clara noción de la importancia de los grandes diámetros de objetivos para los estudios astrofísicos. Esta experiencia la aplicará en la concreción de este propósito que varias décadas más tarde se plasmaría en el telescopio de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre.

 

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HUBO TAMBIÉN ESPINAS

Cuando Benjamín Gould asume la gestión del Observatorio Nacional Argentino, el presidente Domingo F. Sarmiento y su Ministro, el Dr. Nicolás Avellaneda, del cual dependía directamente la institución, depositaron en él toda su confianza y le otorgaron el apoyo financiero necesario, lo que le dio una gran libertad para llevar adelante los trabajos planificados.

Esta cómoda posición fue posible gracias a las coincidencias ideológicas que los unía; al respaldo económico y moral que le brindaba a Gould su familia política y la sociedad bostoniana; como así al hecho de pertenecer a la masonería.

El momento era el oportuno y los intereses personales de tanta gente coincidían. Ello permitió superar las pocas resistencias que existieron en ese momento. De este modo el Observatorio pudo desarrollar sus actividades y establecer un fuerte vínculo con la sociedad cordobesa.

Estas condiciones iniciales fueron cambiando paulatinamente a lo largo de los casi quince años de la administración del Dr. Gould, en especial al finalizar las sucesivas presidencias de los dos fervientes promotores de la institución, Sarmiento y Avellaneda, momento en que el apoyo franco gubernamental comenzó a mermar. Esto se ve reflejado en los dichos del director, que reconoce los problemas que con frecuencia se le presentaba para acceder al Ministro del cual dependía.

Alejado definitivamente Gould de Córdoba y estando ya Thome en la dirección, la crisis económica por la que atravesaba el país impactó duramente en el Observatorio. Se sumó a la escasez de dinero, la pérdida progresiva de la simpatía social por los “gringos”, agudizada por la guerra del país del norte con España y sus numerosas intervenciones antipáticas en Latinoamérica. En el caso particular del Observatorio, seguramente contribuyó a esta pérdida, el no haber sabido interpretar acertadamente las demandas de la sociedad cordobesa y consecuentemente mantenerse plenamente integrado a ella.

Thome se quejó en reiteradas oportunidades de las críticas que se le hacían e incluso llegó a expresar:

“En verdad, no me cansa tanto el trabajo como las intrigas de mis enemigos, que dificultan mi administración, robándome tiempo.” (Thome J. M., La Prensa, 29/4/ 1894)

Otro tanto se señala en el manifiesto dirigido al Congreso Nacional en 1906.

La pérdida de importancia social del director del Observatorio, quien en otro tiempo fuera un referente destacado, por sus notables éxitos, se hizo evidente en la casi nula repercusión periodística que tuvo la repentina muerte de Thome.

De este modo, con el advenimiento del nuevo siglo, la ciudad y el país comenzaron a darle la espalda al Observatorio.

La llegada de Perrine en 1909, otorgó renovado impulso social a la institución, rompiendo esa indiferencia negativa. El Gobierno Nacional a cargo del cordobés José Figueroa Alcorta, a través del Ministro Naón le proporcionó respaldo económico y decidido apoyo a las propuestas del nuevo director. Para la época, tanto en la prensa local como en la de Buenos Aires, se reconocían los logros del Observatorio. Así adhieren a la compra de nuevo instrumental para el mismo, en particular el “Gran Reflector”.

A pesar de esto, luego de algunos años de tranquilidad relativa, a fines de la década de 1910 se desata nuevamente una ofensiva contra el Observatorio y su dirección, la que duraría más de veinte años.

Los planteamientos se originaron en un grupo de personas más o menos influyentes, relacionadas con el ámbito Universitario, entre las que se incluían algunos funcionarios públicos. Se propuso la anexión del Observatorio a la Universidad de Córdoba, la modificación de los fines del mismo y su consiguiente reestructuración; incluso se requirió la renuncia de su director.

Las causas que llevaron a estos reclamos son diversas y ciertamente difíciles de entender completamente. Sin embargo, los actos y hechos ocurridos en aquellos años, pueden ayudar a comprender algunos factores que contribuyeron a dar fuerza a tales demandas adversas.

Un aspecto que debe tenerse en cuenta desde el comienzo, es que la existencia de tan importantes instituciones, como el Observatorio Nacional Argentino, la Oficina Meteorológica y la Academia Nacional de Ciencias, en una ciudad del interior, nunca fue bien vista por la centralista Buenos Aires. Basta remitirse a lo publicado en la prensa sobre sus inauguraciones; como así de la Exposición Nacional, donde se criticó y complotó abiertamente contra su éxito, difundiendo noticias frecuentemente mentirosas. La rivalidad entre Córdoba y Buenos Aires era fuerte y de muy larga data – ya desde el período colonial –, tal como lo destaca Gould en una de las cartas de su nutrida correspondencia con Sarmiento: “toda cosa mala en Córdoba es porteña” (Gould 06/12/1872). En Buenos Aires se crea la Sociedad Científica Argentina en 1872, la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1874 en la Universidad de Buenos Aires y el Observatorio de La Plata en 1882. Esta puja no mermó con el tiempo, permanentemente el poder central pretendió el traslado de estas instituciones a la capital, tal como ocurrió en 1901 con la dirección de la Oficina Meteorológica Nacional.

 

Cuadratín G3  LA OBRA   

"Córdoba Estelar, Historia del Observatorio Nacional Argentino"
Autores: Edgardo Minniti - Santiago Paolantonio
Edita: Observatorio Astronómico y Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.
Año: 2009
Formato: 17cm x 25cm
Páginas: 572
ISBN 978-950-33-0709-0

 

Cuadratín G3  SOBRE LOS AUTORES   

Edgardo Ronald Minniti Morgan, historiador, poeta, escritor, divulgador científico. Ex docente del Observatorio Astronómico de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil de Rosario. Ha publicado la historia de su región natal, dos libros histórico-culturales sobre Córdoba (en coautoría), cuatro libros de poesía, dos novelas, un libro de cuentos, un ensayo poético, diversas monografías históricas, entre otros múltiples trabajos de investigación histórica en congresos, libros, revistas y diarios del país y el extranjero.

Santiago Paolantonio, ingeniero y magíster en administración educacional, especializado en enseñanza de las ciencias naturales, particularmente en física e historia de las ciencias. Ha desarrollado tareas de investigación en astrofísica en el Observatorio Astronómico de Córdoba. Es autor de numerosos artículos científicos, de historia de las ciencias, divulgación y educación, publicados a nivel nacional e internacional, y de varios libros, entre ellos el Manual del Espectrógrafo de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre. 

 

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